Hagamos de la risa un asunto de Estado
A los seis años de edad, los seres humanos somos capaces de reírnos hasta 300 veces al día. Sin embargo, las convenciones sociales mutilan esa capacidad natural de reír y nos convierte en personas serias y trascendentes. A los veinte años apenas reímos de quince a veinte ocasiones por jornada. Y es que la risa tiene innumerables beneficios: previene el estrés, proporciona sentimientos de alegría y favorece las experiencias innovadoras.
Haciendo metodología con la risa
En este sentido, la risoterapia se ha convertido en una forma de aprender a ver las cosas desde una óptica positiva para así poder sacar más partido a la vida y al trabajo. Y en una manera sencilla de mejorar nuestra salud, a través de emociones placenteras. Los talleres de risoterapia son fundamentalmente participativos. Mediante procedimientos de cohesión grupal, juegos, música y baile se trata de sacar la risa del niño que todos llevamos dentro, convertirnos en niños por un rato. Así, bucear en la infancia intentando recordar algunas de las cosas que más nos hacían reír es uno de los principales consejos de los expertos. Recordar algún chiste que siempre nos provoque risa es otra forma de prepararse para recibir la risoterapia de la forma más receptiva posible. Juegos y talleres de expresión corporal, contacto visual y de confianza son el esqueleto principal de estos cursos.
Hay muchos agentes generadores de risa. Lo más importante es ser capaz de reconocer cuales son tus favoritos para poder buscarlos y emplearlos al máximo. La sensación placentera que te provocan esos momentos, suponen una liberación fisiológica de excelentes consecuencias. El estrés desaparece, tu cuerpo se hace más receptivo a emociones positivas, o, incluso, le permite transformar todo aquello que supone cierta tirantez en la vida en valores destacables y con una potencialidad beneficiosa interesante.
Qué hay de nuevo viejo
Si nos ponemos a analizar los gustos cómicos que las personas poseen, descubriremos que ni somos tan distinos ni el humor es tan variado. Hay muchos motivos por los que te puedes reír, y en todos ellos juega un enorme papel tu calidad vital. Los diferentes aspectos de la personalidad adquieren una dimensión profunda a la hora de discernir la calidad del humor. Es posible que alguien sea capaz de reírse de las desgracias ajenas, y aunque esto resulte socialmente incorrecto podemos generalizar diciendo que todos hemos esbozado una sonrisa en esos casos. Para los más sanos, esta risa ‘indecente’ sucederá siempre y cuando tengamos por seguro que esa persona víctima de un incidente se encuentra en prefecto estado. Es ahí donde marcamos la diferencia. Nuestra sensibilidad tiene una gradación determinada, variable dependiendo del entorno en el que nos hemos desarrollado, y es a partir de ese grado sensible por el que nos partimos de risa con una caída o nos entra cierta aprehensión. El triunfo de los vídeos de primera, donde las caídas son el protagonista central, más que una revelación es una confirmación de todo esto.
Otra cosa muy distinta, es hablar de lo reiterativo de ciertas gracietas, de lo repetitivo del modo de provocar la risa, que como todo lo que se ve varias veces resulta cada vez menos efectivo. Los modelos de la risa pueden derivar de muchos puntos: una comedia del tipo que sea, un chiste, un hecho o ciertas actitudes y gestos. A pesar de la variabilidad de fuentes de risa, todas tienen algo en común, el soporte de dicha risa está en lo inesperado, la sorpresa, e incluso cuando ya sabemos lo que va a ocurrir o decir, nuestra imaginación previamente se ha sorprendido y lleva un buen rato disfrutando.

