Colectivo del buen rollo

Cultura alternativa y humor en primera persona

RAMONES

El 15 de abril de 2001, en una habitación del ‘New York Presbyterian Hospital’, sonaba una y otra vez la canción ‘In a little while’ de U2. Era el día en que Joey Ramone abandonaba el mundo debido a un Linfoma.

Más de 20 años antes, unos jovencísimos U2 tocaban ante un productor de TV para que les dejase actuar en su programa. Después de haberse pasado el día peleándose entre ellos, los miembros del grupo, ninguno de los cuales tenía más de 16 años, decidieron tocar tres canciones de los Ramones y hacerlas pasar como suyas. Significaría su primera actuación en televisión.

¿Qué tienen los Ramones que con cuatro acordes mal tocados, tres instrumentos puestos al máximo volumen y un tipo pegando voces con el acento más raro del mundo, son la principal referencia de casi todos los grupos posteriores a 1980?

R.A.M.O.N.E.S.

A principios de los ‘70, un chapero de Nueva York, un tipo con trastorno obsesivo-compulsivo, un peluquero y un hijo de militar, o un batiburrillo parecido, comenzaron a tocar versiones de grupos conocidos, tipo The Who o The Stooges. Poco a poco fueron escribiendo sus canciones y las empezaron a hacer sonar en el mítico local CBGB de Nueva York.

En seguida empezaron a hacer apariciones semanales en el local, al igual que los, por entonces, principiantes Blondie, Talking Heads, Patti Smith o Television. Ninguno de los cuatro miembros del grupo (no decimos los nombres porque, excepto Joey y Johnny, los demás cambiaban casi semanalmente) sabían demasiado de música, y se dedicaban, exclusivamente, a intentar tocar más alto que el de al lado.

La escena punk

En 1976 publican ‘Ramones’, y se convierten en el grupo punk americano por excelencia (frente a los británicos Sex Pistols). Formaron parte de la ‘revolución punk’, que, en realidad, no fue tal. Era más un estilo de música y de pesimismo interior que una revuelta obrera o una llamada a las armas. Era quejarse muy, muy, muy alto.

El romanticismo de esa música y, sobre todo, de los Ramones, residía precisamente en su incapacidad para generar un sonido limpio y coherente. Era música para atronar a los vecinos en toda regla.

Al que escucha Ramones por primera vez, le suele venir a la cabeza siempre la misma reflexión: ‘Si es que todas las canciones suenan igual’. Pero no es nada parecido a cuando se escucha por primera vez un directo de los Ramones. En él resulta imposible distinguir un acorde que difiera del resto, y más difícil resulta aún reconocer una palabra entre los sonidos producidos por la garganta de Joey Ramones.

Precisamente, ahí está la gracia. Tocan mal, cantan mal y, en definitiva, suenan mal, pero es que aún así molan un huevo. Tienen un magnetismo que no se entiende demasiado bien pero al que, al final, todos los amantes del rock acaban sucumbiendo. Todos acaban pasando por ese periodo en el que se cambiarían, como los miembros del grupo, su apellido por el de ‘Ramones’.

Para los que sabemos quiénes eran los Ramones, nos dan ganas de sacar una escopeta y liarnos a tiros cada vez que vemos a un niño pijo con su camisetilla del grupo. Cuando eso sucede, lo que hay que hacer es abrir bien las piernas, dejar la boca entreabierta y gritar muy fuerte: ‘Hey! Ho! Let’s Go!’. Y si eso no funciona, no hay que preocuparse, siempre nos quedará el ‘Gabba Gabba Hey!’.

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La foto es de rock-from-hell.blogspot.com.

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