Cinco razones para acercarse a ver a Faemino y Cansado
Se me ocurren hasta 815 razones para acudir a ver en directo a la mejor pareja de humoristas que ha dado este país. Pero el título del artículo no quedaría igual de bien si dijéramos “Ochocientas quince razones para ver a Faemino y Cansado”. Así pues, por ese afán humano de resumir nuestra vida en rankings, no me queda más remedio que guardarme 810 y reseñar aquí las cinco principales.
1. Porque son los mejores. Ya sé que en lo poco que llevo escrito ya lo he mencionado dos veces y que algunos podrían pensar que es una opinión subjetiva sin base científica. A esos aguafiestas que piensan en ese tipo de cosas mientras leen artículos de humor les hace más falta que a nadie acercarse a ver a Faemino y Cansado. Ninguna otra pareja de humoristas en España ha permanecido en la cumbre tanto tiempo y han seguido llenando teatros veinticinco años después de empezar en esto.
2. Porque dos horas de risas continuadas son el mejor remedio contra el estrés, el mal humor y la crispación. De hecho, la Seguridad Social debería financiar este tipo de espectáculos; seguro que viviríamos en un país mejor. Si alguien hubiera invitado hace ocho años a George W. Bush a un espectáculo de Faemino y Cansado a lo mejor no le hubiera dado por invadir países (o a lo mejor sí).
3. Porque Faemino y Cansado mantienen su esencia, pero cambian sus sketches. Han sobrevivido a la movida madrileña, a las hombreras, a Farmacia de Guardia, a Javi Cantero y están en plena forma. Estos dos genios no se han acomodado en el éxito y han seguido innovando constantemente en los inescrutables caminos del humor.
4. Porque puedes. Ojalá yo pudiera ver hoy en directo a Serge Gainsbourg, a Tip y Coll o a Boney M, pero ni siquiera puedo elegir. Tú, que si puedes, no te lo pienses. Cuando Faemino y Cansado se retiren (Dios no lo quiera) y existan calles, colegios y bocadillos con sus nombres, tus nietos te preguntarán si alguna vez pudiste verlos en directo… y entonces, será tarde.
5. Porque Kierkegaard estará eternamente agradecido. Un hombre que se pasó la vida transitando entre la frontera de la filosofía, la teología y la psicología merece ser recordado por algo más que por la densidad de sus textos. Y ahí están Faemino y Cansado para rendirle tributo con una de las frases exitosas menos afortunadas para el éxito. No digas que no, di ¡Qué va, qué va, qué va! Yo leo a Kierkegaard.

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