Frank Miller, del cómic a la gran pantalla
Está claro que los de Hollywood buscan la inspiración hasta debajo de las piedras. Si se quedan secos, se lanzan a recoger ideas originales de otros para remozarlas y hacer una de esas cosas que ellos llaman “superproducciones”. Por ejemplo, no tienen nada nuevo que ofrecer y cogen la peli de “Abre los ojos” de Amenábar y se montan una historieta que se parece pero en mala. Eso sí, hay veces que esto de beber de otras fuentes les sale bien, y las películas que han hecho basadas en los cómics del gran Frank Miller son una prueba de ello.
El nombre ya suena por esas mismas películas, pero Frank Miller es un clásico del mundo de los cómics. Entre la Marvel y DC Comics ha sido el “culpable” de mil historias de Spiderman, Batman, Dare Devil o Ronin, no sólo como dibujante, sino también como guionista. Es cierto que muchas veces las películas de personajes de la Marvel dejan bastante que desear, pero la mano de Miller siempre se ha notado en todo lo que ha hecho.
La primera, “Sin City”
Robert Rodríguez, el mexicano del sombrero, fue el primero que llevó a la pantalla de cine una novela gráfica de Frank Miller, que también se unió al proyecto como codirector y guionista; eligió “Sin City” y el resultado, la verdad, es que fue bastante bueno. Con lo complicado y ridículo que quedan a veces los personajes dibujados cuando les das movimiento, en la película se utilizó una técnica que te dejaba alucinado en la butaca del cine. Es en blanco y negro, pero no del todo… Ya lo sé, parece raro, pero es que utiliza colores sólo para algunas partes de los personajes o escenas que hacen que las imágenes que vemos no parezcan las de una peli normal.
Gracias a esa estética, parece que estamos viendo un cómic en movimiento y los personajes se alejan de la imagen habitual que podemos ver en cualquier otra película. Un ejemplo claro es Mickey Rourke; la verdad es que el tío ya estaba bastante cambiado desde que había desaparecido literalmente de los focos de los rodajes, pero aquí aparece deformado y con una pinta que, si lo ve Kim Bassinger, no aguanta ni nueve segundos y medio con él en una escena tórrida.

Leónidas y su espartanos
La confirmación de que este tipo de películas tenían éxito y de que las historias de Frank Miller enganchaban también en la pantalla fue “300”. Esta vez, el encargado de llevar al cine la novela gráfica fue Zack Snyder y siguió esa senda estilística más propia de un videojuego o del propio cómic que de las películas clásicas.
“300” está basado en la batalla de las Termópilas, perteneciente al relato de las Guerras Médicas de Herótodo y cuenta la historia del pueblo espartano que decide luchar contra el ejército persa, que se dirige a Esparta para conquistarlo, como está haciendo con todo lo que se cruza en su camino. Leónidas y los suyos son 300 pero los tienen bien puestos y se enfrentan a los persas que son ciento y la madre; pero resisten y resisten y se cargan a casi todos. Y es que estos espartanos son duros de pelar, sólo hace falta ver las tabletas de chocolate que se gastan los tíos…
