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Cultura alternativa y humor en primera persona

Antonio Gaudí, sensualidad y movimiento en plena Barcelona

Recuerdo la primera vez que viajé a Barcelona. Siendo de otra gran ciudad como Madrid, no esperaba descubrir nada nuevo. Todos hemos visto imágenes de la ciudad condal y sabemos, en mayor o menor medida, lo que podemos esperar al visitarla. Sin embargo, allí me esperaba Gaudí y sus genialidades. No es que nunca hubiera visto fotografías de su obra, es que verla in situ es, sencillamente, otra cosa.

Antonio Gaudí, fue uno de esos genios que nacen una vez cada muchos años. Un hombre adelantado a su tiempo que supo ver más allá de los cánones establecidos e imaginar volúmenes y formas impensables hasta ese momento. Bueno, y hasta el de ahora, para que engañarnos. Casi un siglo después de su muerte se cuentan con los dedos de la mano los que se atreven a seguir sus pasos.

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Gaudí y la familia Güell

Nacido en una época de crecimiento económico y urbanístico, este arquitecto de Reus, máximo exponente del modernismo catalán, tuvo la suerte de contar con el mecenazgo de la familia Güell, junto a la que diseñó algunos de sus más conocidos proyectos.

Así, el Parque Güell es uno de los lugares preferidos para muchos turistas. Con ese nombre, muchos pensarían que se trata de un parque con sus arbolitos, sus bancos y su quiosco de chucherías. Nada más lejos de la realidad. De eso hay, claro, pero además, el parque, ideado en principio como una ciudad-jardín, con viviendas unifamiliares en su interior, es hoy el lugar ideal para salir del bullicio de la ciudad.

Es fácil entender que la UNESCO lo nombrara ‘Monumento artístico de protección internacional’, en 1984. Gaudí puso toda su creatividad a trabajar, sin ningún tipo de límite, para derrochar imaginación en cada uno de los rincones del parque. Está hecho con mimo, con paciencia. Un mar de formas, colores y volúmenes que se funden con la vegetación, formando un espectáculo para los sentidos.

Recorriendo el Paseo de Gracia

Y si hablo de sentidos, no puedo evitar mencionar la casa Batlló, por la que tengo especial debilidad. Situada en el nº 43 del Paseo de Gracia, en pleno distrito del Ensanche, un recorrido por su interior, que por cierto recomiendo, basta para, si aún no lo has hecho, rendirte a los pies del maestro. Su decoración está llena de matices y significados. Puedes descubrir algo nuevo y sorprendente a cada paso e incluso, cada planta ofrece una visión singular de la mente del artista. Hay quien dice que intentó plasmar la poesía en arquitectura y seguramente no se equivocan.

Lo curioso es que lo que realmente le encargaron a Gaudí, hace ya más de 100 años, no fue la construcción, sino la remodelación integral del edificio. Vamos, que le dan un edificio viejo y eso es lo que saca, ¿te imaginas que conseguiría con nuestras casas y los medios actuales?

Poco más arriba, en la misma calle, nos encontramos con La Pedrera o Casa Milá, de la que destaca su fachada, con un revestimiento de piedra con formas onduladas que transmiten sensualidad y movimiento, que combina a la perfección con el aire cosmopolita de una gran ciudad como Barcelona. ¿Sabías que la fachada fue tallada ahí mismo para darla esa textura rugosa?

Su otra familia, la catedral a la que dedicó la vida

Pero, sin duda, el alma de Gaudí está atrapado entre los cimientos de la obra a la que dedicó gran parte de su vida: la Sagrada Familia. Sí, ya sé que no está acabada y que, a día de hoy, aún los turistas tienen que esquivar los andamios a su paso, pero esto no quita ni un ápice de mérito a la grandiosidad de la catedral.

Quien sabe que más hubiera podido ofrecernos su creatividad, de no haber muerto atropellado por un tranvía en junio de 1926.

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