Las claves para hacer un buen corto
Hacer un corto es fácil. Más aún con los nuevos medios al alcance de prácticamente cualquiera que se lo proponga. Lo difícil es hacerlo bien.
Es muy sencillo pensar en una historia cualquiera, imaginar unos cuantos planos, conseguir una cámara digital, colocarla en algún sitio y rodar (mejor dicho, grabar). De hecho, no son pocos los que se despiertan con alguna idea, lo graban a lo largo del día y por la noche ya lo están montando. Pero el resultado normalmente dista mucho de ser algo bueno.
Lo cierto es que hacer un buen corto requiere tiempo, trabajo, esfuerzo y, sobre todo, mucha humildad y dedicación. Obviamente, no existen fórmulas fijas, pero sí hay criterios. Tampoco hay garantías, pero podemos fijarnos en proyectos anteriores de calidad (exitosos o no, no siempre van juntos) y llegar a algunas conclusiones.
La clave es el guión
Cuando digo guión no estoy hablando sólo de los diálogos, o del argumento, o de la historia. Puede incluso no haber un guión, en el sentido habitual de unos papeles con cosas escritas. Me refiero más bien a la idea y al desarrollo de la historia (siempre hay una historia) y la profundidad, que no la complejidad, con que está tratada.
Uno de los fallos más comunes entre los cortometrajes es que suelen ser excesivamente complejos, pero en realidad muy superficiales. El mejor cortometraje es el que trata un solo tema, una sola idea (si se puede expresar en una palabra, mejor), pero lo trata bien. Y en cada secuencia de cada escena se debe intuir esa idea. Ésta puede provenir de la historia o ser anterior a ella. Pero tarde o temprano tendremos que plantearnos: ¿de qué va la película, qué quiero contar?
Objetivos de un corto: experimentar, trabajar y disfrutar
Lo cierto es que hay pocas posibilidades de que podamos subsistir a base de hacer cortometrajes. Aunque hay muchos festivales y muchos premios a los que optar, la cantidad de competidores (y buenos) es tal, que las posibilidades de ganar en uno concreto son minúsculas.
Por lo tanto, la idea de hacer un cortometraje debe estar apoyada en tres objetivos. Primero, sirve para aprender, es decir, practicar y experimentar. Los conocimientos teóricos son importantes, pero no sabrás lo que es hacer cine, ni comprenderás de verdad lo que es una película, hasta que no te pongas detrás de la cámara y digas ¡acción!
Segundo, es muy útil para darse a conocer entre los círculos audiovisuales profesionales. Un buen cortometraje es la mejor carta de presentación si quieres optar a un trabajo en este ámbito, más aún si ha logrado algún premio.
Tercero, hacemos un corto porque queremos. Por lo tanto, no debemos olvidar nunca que tenemos que disfrutar con el proceso. Eso no significa montar fiestas o no tomarse las cosas con seriedad. Pero debemos mantener siempre una actitud positiva, resolver los problemas que surjan con eficacia pero con paciencia y respetar y confiar en el trabajo de los demás.
