Pablo Picasso, un genio para la modernidad
Lo bueno de los genios es que son universales, que no son patrimonio exclusivo de un lugar. Picasso nació en Málaga, empezó su carrera en Barcelona, triunfó en Francia y llevó el nombre de Guernica por todo el mundo. Nunca olvidaré la primera vez que me puse frente a ese inmenso cuadro que expresa la angustia de todo un pueblo. Creo que nadie lo hace, seguro que todos nosotros tenemos grabado el momento en que vimos por primera vez El Guernica (sin contar con las excursiones obligadas del instituto en las que uno está demasiado ocupado en atender a la llamada de las hormonas con el sexo opuesto, y le da igual que le pongan delante un Picasso o un Manel Fontdevilla).
A lo que iba, lo que tienen los artistas únicos es que consiguen que sus obras trasciendan al espacio y al tiempo. El original enfoque de Picasso del arte hace de él uno de los artistas con más talento de la historia. Su vida como su obra son un ejemplo de cómo la genialidad, la inquietud y la capacidad de trabajo pueden hacer que un niño de familia humilde sea recordado como uno de los grandes de todos los tiempos. Algunos lo llaman hoy “sueño americano”, pero uno, que ya no se chupa el dedo, prefiere denominarlo simple talento.
Inicios difíciles
Picasso conoció la pobreza, a pesar de que ya con 15 años demostró que con él la pintura nunca volvería a ser la misma. Sus primeros años en Barcelona no fueron fáciles, ni en lo personal ni en lo artístico, pero el genio siguió explorando caminos por los que transitaría cómodamente a lo largo de su carrera.
Fue en 1907 cuando Picasso sometió a su arte a una vuelta de tuerca más que, a la postre, revolucionaría la pintura del siglo XX. En un burdel de la calle Avinyó de Barcelona el pintor malagueño dejó atónitas a las trabajadoras del local. Me imagino la cara de las chicas cuando vieron sus rostros y sus cuerpos con esas formas cuadradas. En aquel momento Picasso debió sentirse un artista incomprendido.
Un genio que no paró de inventarse
Sin embargo, la acogida entre sus colegas de aquello que ya se empezaba a llamar “cubismo”, fue algo más que entusiasta. Yo siempre había pensado que los genios nacen y no se hacen; sinceramente, con Picasso me encuentro algo desconcertado. Porque después de indagar en el cubismo, el artista malagueño probó otras corrientes y caminos, elaboró esculturas, viñetas y collages y consiguió hacer del convulso siglo XX el “siglo de Picasso”.
Jamás me atrevería a afirmar que Picasso ha sido el artista más brillante del siglo pasado, pero seguro que ningún otro le gana en cuanto a museos en su honor. Ese carácter de hombre cosmopolita se traduce en las innumerables galerías que, alrededor de todo el mundo, llevan el nombre de Pablo Picasso, un hombre que mezcló como nadie su talento con un inagotable afán de experimentación.

